h.hesse

XXXIX

El encuentro o encontronazo con mi hermano  tuvo lugar a mitad de la semana,un miercoles. Y tenia que comenzar a trabajar el lunes. El jueves por la mañana fui hasta la imprenta. Los hijos venian conmigo a clase y conocia al padre. Ellos siempre tenian buenas cajas de carton. Y me llevè varias. Calculè tendria suficientes. La ropa pude meterla en la maleta que habia comprado para el viaje y en otras dos màs antiguas que tenia. Lo que màs me costò fuè desmontar el ordenador. Pero lo habia llevado alli cuando me trasladè y no habia razòn para dejarlo. Entre el jueves por la mañana y el sàbado por la tarde lo hice todo.

Mi hermano no volviò a hablarme màs desde aquellas ùltimas palabras amenazantes. Y con ella la comunicaciòn hacia años que no existia. Simplemente continuamos ignoràndonos. Segui sin comer con ellos y esos dias optè por salir a comer a una bocateria y a desayunar a un bar pròximo. Tampoco hablè con Juan por telefono. No quise que pudieran escuchar escondidos ninguna conversaciòn. Le enviè un mensaje despuès de lo ocurrido con mi hermano. Y despuès breves whatsapp.

El sàbado,avanzada la tarde,llamè a un taxi. Le dije que no era un recorrido largo pero tendria que esperarme en la puerta porque era un traslado. Antes de que llegara entrè en la sala donde estaban los dos sentados.

-Me marcho ya. Pronto llegarà el taxi.

-Pues adios-dijo mi hermano sin mirarme.Ya en el pasillo le escuchè gritar-No olvides lo que te dije.

Vino el taxista y lo fuimos cargando todo. Quedò todo lleno:maletero y asiento trasero. Yo me sentè junto a èl. Llegamos pronto a la casa de Juan. No fuè necesario llamar a la puerta porque èl debia estar aguardandome. Fuimos dejàndolo todo en el zaguàn. Yo descarguè la ùltima de las cajas y èl le pagò el servicio. Cuando entramos y cerrò la puerta senti lo que tanto habia estado necesitando aquellos ùltimos dias. Aquellos brazos fuertes y potentes me acompañaron un rato.

-Ya pasò todo,zorrita. Ahora estàs aqui ya.

Me sentè junto a èl pero cuando intentaba decirle lo que  habia tenido que escuchar me ahogaba. Y me sorprendia que me ocurriera algo asi a mi. Preferi quedarme con los ojos cerrados,sintiendo como latia su corazòn. Notaba las manos de Juan acariciando mi cara y tratando de calmarme.

De manera repentina pensè en algo en lo que no habia pensado. Al dia siguiente era domingo y me iba a encontrar con ellos a la salida o la entrada de la misa. ¿Como se comportarian?. ¿Me hablarian o no?. Me apartè sobresaltado y le preguntè a Juan:

-¿Y que harè mañana?…Es que no se si me hablarà ò no…

-Tranquilizate que ahora ya ha pasado lo peor. Mañana tu acudes a la misa,como es tu obligaciòn. Si le ves a la salida ò a la entrada y èl te habla ò te saluda tù debes contestarle. Si no lo hace y te ignora peor para èl.

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