Ilya Repin

XL

Habia habilitado  Juan una de las habitaciones vacias de la casa para mi uso. Instalò alli una mesa antigua y amplia-que dijo habia en la casa-para el ordenador. Un armario enorme habia que serviria para ropa,zapatos y libros. Era una habitaciòn-despacho. Ibamos a seguir  usando la habitaciòn de Juan .

No estuve  muy animado aquel primer fin de semana. Despuès de tantos sàbados pasados en su compañia me sentia culpable. Un sentimiento que me estaba costando desterrar de mi. Veia a Juan que se desvivia por estar màs que amable conmigo. Y a mi no me apetecia lo màs minimo responder a esos gestos.

-¿Que estarà pasando por esa cabeza,zorrita? Esos nubarrones negros pasaràn…y esos miedos tambien

Apenas si nos habiamos visto durante la semana y lo que menos deseaba era tener sexo con èl. La culpabilidad me tenia bloqueado. Despuès de cenar quedè algo mejor. Tomamos pizza que habia comprado Juan por la mañana. Y abriò un exquisito vino de la zona de Leon que trajo del viaje. Ya se dibujaron las primeras sonrisas en mi cara y nos animamos.

Tras la cena el conocido ritual de llevarme en brazos a la cama. Aquella noche lo necesitaba màs que otras. Precisaba sentirme màs niño ò màs no sabia bien que. Pero me complacia cuando Juan lo hacia. Y aquel sabado el placer fuè mayor que ninguno desde que lo habia conocido y empezò a hacerlo.

Quizà estuviera saturado de sexo de la semana pasada en Paris. Debiò juntarse todo. Pero Juan se comportò aquella noche en la cama como yo precisaba que lo hiciera. Sin agobiarme demasiado en un principio. Pero despuès en esa linea suya que tan loco me ponia siempre.

Al siguiente dia era domingo. Nos levantamos algo tarde porque Juan no tenia nada importante a primera hora. Luego èl saliò a su hora habitual y yo quedè en casa. Me fui ocupando con el que iba a ser el despacho. Instalè primeramente el ordenador. Como Juan tenia el suyo en la sala no habia problemas de conexiòn. Despuès empecè ordenando la ropa en el armario. Apartè la que tenia que ser lavada y el restò la guardè.

Antes de las doce marchè a la iglesia. Cuando iba a subir la escalera llegaban mi hermano y Manuela. Le mirè esperando me dijera algo. Pero èl me mirò fijamente y pasò sin decirme nada. Ella ni siquiera se parò. Ya no pude prestar atenciòn a la homilia de Juan. Mi mente no me dejaba escuchar nada. A la salida vi a Manuela guardando turno para confesar junto a otras mujeres. ¿Que confesaria?. Lo que tenia que confesar no lo diria. Vi a mi hermano que se marchaba con sus amigos de partida. Pensè en mi madre. Como sufriria si viera lo que estaba pasando entre nosotros.

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