Mujer barbuda de Jose de Ribera

XLIV

Iban pasando los dias de aquel verano tan diferente a los anteriores. El trabajo en el restaurante era tan monòtono como cualquier otro empleo. Y no habia vuelto a tener noticias de Daniel. La època del verano seria la de màs actividad para èl. Deseaba volver a verle. Hubo momentos que pensè en bloquear su nùmero para que no volviera a entrar en contacto conmigo. Yo me iba conociendo cada vez màs a mi mismo. Y sabia que el dia que  èl se pusiera en contacto conmigo yo iba a acudir a su llamada. Era demasiado dèbil. No sabia decir que no a una tentaciòn. Y Daniel era una tentaciòn para mi.

Una tarde al regresar a casa encontrè a Juan con las llaves del coche en la mano.

-Me voy al aeropuerto. Me llamò  por telefono un compañero del seminario que venia a pasar unos dias de vacaciones a la zona y me preguntò si le podia recoger.

-Ah perfecto. ¿En que provincia tiene la parroquia?

-No. El no està ejerciendo de pàrroco. Dejò el seminario en el segundo año pero siempre nos hemos llevado muy bien. El tiene una empresa en Madrid. Con èl no habrà ningùn problema,ya lo veràs.

Se marchò y quedè en casa. Empecè a pensar quien podia ser aquel hombre y como seria. Juan no habia hecho ningùn comentario sobre el uso de las habitaciones. Pero si se llevaban muy bien y le habia invitado a su casa era de suponer que no habria que hacer cambios.

Llegaron sobre la hora de la cena. Yo estaba tumbado en el sofà viendo la televisiòn. Me levantè y sali a esperarles a la entrada de la sala. Juan mirò a su amigo con una sonrisa picara y le dijo:

-Ya ves que no te he engañado. Mira zorrita es mi amigo Marcos.

Al estrecharle la mano me la apretò con fuerza. Era un hombre bajo pero de cuerpo esculpido en gimnasio. Llevaba rapada la cabeza y lucia barba negra y copiosa. Me sorprendiò la presentaciòn que habia hecho Juan llamàndome zorrita. Pero lo que màs me sorprendiò fuè que su amigo no se inmutò al escucharle llamarme asi. Debia estar al corriente de nuestra situaciòn. Estaba bien el no tener que fingir nada.

Mientras ellos hablaban en el centro del salòn de pie fui preparando la mesa. Habia hecho una ensalada y le preguntè a Marcos que preferia tomar despuès. Dijo que èl acostumbraba a cenar muy poco. Añadi unos esparragos y unas alcachofas y tambien unos embutidos y quesos. Lo dejè escoger a èl. Ya sabia lo que Juan tomaba y fui sirviendole a èl antes que a mi. El recien llegado me daba cierto miedo cuando le veia tan fuerte y potente.

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