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XLVI

Apenas dormi aquella noche. Pensaba en lo que me habia dicho Juan despuès de dejarme en la cama. Le escuchè llegar rato despuès y oi alejarse los pasos de Marcos. Segui con los ojos cerrados simulando que dormia. ¿Estaba dirigiendo mi vida por el mejor cauce?. Eran las tormentas que me torturaron en mi juventud. Debi alcanzar el sueño bien entrada la madrugada,casi el dia. Fuè entonces cuando escuchè la voz potente de Marcos en la habitaciòn. No me movi.

-Llega muy cansado del trabajo-escuchè decir a Juan-Està agotado….Ven y metete en la cama a ver si se despierta..

Entonces senti a Marcos apartando la sabana y metiendose en el lecho por el lado que estaba yo. Notè una piel cubierta de pelo que rozaba mi cuerpo desnudo. Me estremeci fingiendo despertar y abri los ojos. Vi a Marcos frente a mi. No hice gesto de admiraciòn. Sabia que Juan estaba a mis espaldas. Si se habia dado aquella situaciòn era porque èl la habia consentido. Echè mis brazos alrededor del cuello de Marcos y por primera vez le besè.

Los besos calidos de Juan cayeron enseguida sobre mi cuello y mi espalda. Cuando dejè de besar a Marcos me di la vuelta y busquè su boca. Marcos iba explorando mi cuerpo con aquellas manos rudas. Con los pies apartè las sabanas y me arrodillè en la cama. Se situaron ambos frente a mi blandiendo sus espadas y yo me agachè como un perrito. Iba tomando aquellos miembros erectos. Ora tomaba el de Marcos. Ora tomaba el de Juan. Solo se escuchaban los gemidos de ellos. Estaba tomando el falo de Marcos cuando vi que Juan se retiraba y enseguida empezò a hurgarme para poderme penetrar. Lo hizo mientras yo  estaba haciendole la felaciòn a su compañero y amigo del seminario. Cuando empezò a llegar al orgasmo empezaron a besarse y Juan terminò con aquel grito tan bestial de siempre.

-Ahora te corresponden a ti los honores. No podia dejarte pasar a ti primero aunque seamos amigos.

Se tumbò Juan sobre la cama y fuè  acariciàndome la cara mientras se relajaba. Marcos estaba penetrandome de manera fuerte. Pero me gustaba la forma en  que lo hacia. Me apretaba fuertemente el cuerpo y me mordia. Cuando alcanzò el climax escuchè palabras suyas que no las esperaba. Quedò un rato dentro de mi y despuès se tumbò. Yo quedè entre los dos pero me acurruquè en los brazos de Juan.

-Que bien te portaste,zorrita-me dijo Juan-

Fuè aquella la primera vez que hice algo asi. No debia de acudir al confesor porque lo tenia alli. Empecè a cuestionarme la palabra pecado. Y una vez màs en mi vida me di cuenta que no tenia sentido aquel tèrmino màs que en los sermones de misa y en los martirologios. Y a esta conclusiòn habia llegado alguien que tenia a su lado en la cama a un sacerdote. La vida misma.

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